Enfermedades transmisibles en una clínica dental

Enfermedades transmisibles en una clínica dental

En nuestro ejercicio diario nos encontramos a una distancia muy corta de los pacientes. Estamos continuamente trabajando a 40
cm de una boca abierta, mezclando los aerosoles de nuestros rotatorios con la saliva y la sangre de unos pacientes cuyos antecedentes médicos solo conocemos por la historia clínica que ellos rellenan. Trabajamos con instrumental punzante que puede provocarnos algún tipo de accidente tanto a nosotros como al personal encargado de la esterilización. Por esta razón, a continuación destacamos enfermedades transmisibles en clínica dental.

Al margen de la historia clínica de un paciente, es necesario que comprendamos que hay pacientes que aún no han sido diagnosticados de determinadas patologías infecciosas y son transmisores, por ello es importantísimo tener claro el principio de la bioseguridad que es la universalidad, es decir, tratar a todos los pacientes como si fueran portadores de una de estas enfermedades.

Herpesvirus

Es una enfermedad provocada por el virus del herpes simple (VHS). En la infancia se produce la primoinfección herpética que habitualmente pasa desapercibida y, en otras, produce síntomas como fiebre, gingivoestomatitis herpética, aftas, etc. El virus del herpes se queda posteriormente acantonado en el ganglio del nervio trigémino y, en algunos pacientes, bajo determinadas circunstancias, el virus se reactiva provocando unas lesiones cutáneas vesiculares de color rojo agrupadas en racimo. Estas lesiones pueden aparecer tanto en la encía queratinizada del paciente, como en el paladar o en la zona peribucal.

Existen dos tipos de virus: el VHS-1, que afecta a la zona bucal, y el VHS-2, que afecta a la zona genital, aunque puede afectar también a la boca. Se contagian por contacto directo. Existe una forma de infección secundaria que afectaría a zonas como la mano. Antiguamente, cuando no se usaban guantes era relativamente frecuente. Se denominaba herpes del dentista.

Otras de las formas es el herpes ocular, de ahí la importancia de la utilización de gafas o pantallas. De hecho, el uso rutinario de gafas en el gabinete no es solo para nosotros.

El paciente ha de llevar una protección ocular mientras trabajamos, pues el aerosol generado mezclado con la saliva contaminada del paciente puede contaminar la conjuntiva ocular.

Virus de inmunodeficiencia humana (VIH)

Se trata de un virus que se descubrió a principios de los años 80 en Estados Unidos.

Tras la aparición de varios casos de unas neumonías atípicas vieron que estos pacientes tenían una inmunodeficiencia. Es un espectro de enfermedades causadas por el virus de inmunodeficiencia humana (HIV). Se transmite principalmente por la vía sexual, aunque la vía materno infantil y la vía hemática (transfusiones o pinchazo accidental) son, en menor medida, causa de esta enfermedad.

Tras una infección inicial que puede ser asintomática o como un breve cuadro de gripe, es posible que pase años latente sin que dé síntomas al paciente. Esto provoca que los pacientes afectados por este virus pasen mucho tiempo sin que sean conscientes de que lo padecen, de hecho en el 2022 el 46,8% de las personas diagnosticadas presentaban un diagnóstico tardío. Pasado ese tiempo que es variable, el paciente desarrolla una deficiencia en su inmunidad y enfermedades como tuberculosis, neumonía, tumores… Esta etapa se denomina SIDA.

Los linfocitos Tcd4 disminuyen de 1.000-700 a menos de 200. Se transmite por vía sexual, agujas-sangre o materno-infantil. En España en 2020 se detectaron 1.925 nuevos casos.

Este dato tiene un sesgo si lo comparamos con años anteriores. La pandemia ha hecho que haya una reducción de un 41%.

Tanto el sida como la hepatitis son enfermedades que estigmatizan a la población y por ello es frecuente que no nos lo comuniquen
en la historia clínica.

Tuberculosis

Se trata de una enfermedad provocada por el Mycobacterium tuberculosis que afecta principalmente a los pulmones. El contagio es por inhalación de gotitas de la tos o de estornudo, saliva o fómites contaminados.

Este microorganismo tiene la peculiaridad de ser muy sensible a los rayos ultravioletas, por lo que el contagio en espacios abiertos es difícil. El contagio suele tener lugar en exposiciones prolongadas, como es en la familia, cárceles, trabajo, etc.

Existe riesgo de contagio a través de los aerosoles, aunque no hay estudios concluyentes. La tasa en España de pacientes con tuberculosis en 2014 era de 10,85 por 100.000 habitantes; una tasa media, dándose un porcentaje mayor en áreas con mayor afluencia de inmigración como Ceuta y Melilla.

Hepatitis

La hepatitis es una enfermedad que cursa con inflamación hepática y puede ser producida por distintos agentes etiológicos.

La OMS dice que 1,4 millones de muertes al año son producidas por la hepatitis B o C en el mundo. Un billón de pacientes, según la OMS, padece hepatitis crónica. La mayor prevalencia está en África y Pacífico occidental, con una prevalencia del 68%°. Los odontólogos tenemos una prevalencia superior a otros colectivos por la falta de medidas preventivas y de bioseguridad. La vacunación es desigual según los países y en nuestro colectivo debería ser obligatoria.

Se trata de un virus de la familia Hepadna-viridae, cuyo hospedador único es el humano. Se transmite por vía sanguínea y de otros fluidos. El virus entra en el torrente sanguíneo y se replica en el tejido hepático.

Existen dos tipos de hepatitis si nos referimos al curso de la enfermedad, la hepatitis aguda que cursa con un daño al hígado repentino y la forma crónica. En el segundo de los casos, tras una hepatitis inicial queda una hepatitis crónica que puede acabar en cirrosis hepática o carcinoma hepatocelular.

Existen numerosos virus que provocan hepatitis, por un lado, tenemos los virus de la hepatitis A, B, C, D… Aunque otros virus como adenovirus o citomegalovirus pueden cursar con inflamación hepática.

Encefalitis Enpongiforme

La encefalopatía espongiforme bovina (EEB o coloquialmente conocida como «enferme-dad de las vacas locas») es una de las encefalopatías espongiformes
transmisibles (EETs) que afecta al ganado bovino. Al igual que las otras enfermedades del grupo de las EETs, se caracteriza por la degeneración del tejido cerebral, el cual adopta una apariencia de esponja, lo que conduce a la muerte del individuo. Los primeros casos declarados en humanos de esta enfermedad datan del año 1986, en la que empezaron a aparecer casos en Reino Unido.

Al principio se pensó que era una enfermedad neurodegenerativa y posteriormente se achacó a una enfermedad vírica por virus lentos. Finalmente se comprobó que el agente causal eran priones. Los priones son unas proteínas celulares (PrPc) que tienen una configuración tridimensional anormal, lo que la transforma en una partícula infecciosa.

Los priones tienen resistencia a las altas temperaturas. Se trata de una enfermedad de declaración obligatoria según el RD 526/2014.

El periodo de incubación es entre 4 y 5 años, aunque puede ser mayor. En España el Real Decreto 3454/2000, de 22 de diciembre, establece un programa de vigilancia de estas enfermedades.

Hasta la fecha no hay descrita evidencia de transmisión de alguna de estas enfermedades entre pacientes. El largo periodo de incubación hace imposible el seguimiento de la enfermedad.

En el día a día de nuestro trabajo utilizamos instrumental que se contamina con proteínas del paciente y hay varios estudios que sugieren la posibilidad de su transmisión. Este es el caso de las limas de endodoncia. Dado que la esterilización de esta proteína con altas temperaturas no está demostrada (aunque existen programas específicos de priones en los autoclaves tipo B), la limpieza del instrumental antes de la esterilización cobra una importancia vital.

En las centrales hospitalarias de esterilización se realiza obligatoriamente una inspección de cada instrumento antes de ser embolsado. En odontología por la logística del día a día no se suele realizar y es un paso tan importante como la esterilización por este motivo.

Covid-19

A finales de 2019 en la región China de WU-han empezaron a aparecer unos casos de neumonías bilaterales que en muchos casos tenían un fatal desenlace. Esta enfermedad rápidamente se extendió por el resto del mundo, siendo declarada como pandemia por la OMS en marzo de 2020. Pronto se extendió una nueva palabra en boca de todos,-confinamiento-, y el planeta se detuvo durante unos meses.

Se trataba de un coronavirus Sars Cov-2 de envoltura lipídica que en su superficie posee una espícula. En los inicios se pensó que los fómites eran la vía de transmisión, pero las evidencias posteriores demostraron que la vía aérea era el camino a la propagación.

En nuestro ámbito todos los protocolos cambiaron, la vacunación se generalizó, los test de antígenos abundaban en nuestra vida diaria y las mascarillas se apoderaron del día a día de todos los ciudadanos. En España ha sido obligatorio su uso hasta el 20 de abril de 2022.

Esta pandemia ha cambiado nuestra forma de trabajar y de cuidar el ambiente en el que trabajamos. Hemos tomado conciencia de que la propia respiración de nuestros pacientes y la nuestra propia puede hacer enfermarnos. Nuestras clínicas se han adaptado a la nueva situación con filtros en los aires acondicionados, ventilación, material desechable…

Desgraciadamente debido a que estas situaciones en las que nuevos virus o antiguos que pensábamos que estaban erradicados (como la viruela) aparecen, tenemos que estar siempre alerta y preparados para el peor de los escenarios. Al igual que ha sucedido en esta ocasión, lo que pensábamos que solo sucedía en la ciencia ficción, se hace realidad.

FUENTE: Dra. Gema Maeso Mena. «Principios de Bioseguridad en la Clínica Dental» Editorial Peldaño Media Group. S.L. 2022

Facebook
Twitter
LinkedIn